12 marzo 2014

APRENDER A ESCUCHAR PROFUNDAMENTE


Comunicarse es una práctica, y para hacerlo no basta con tener buena voluntad, sino que has de ser hábil, aprender a comunicarte.
Quizá hayas perdido la capacidad de escuchar. Tal vez la otra persona te haya hablado tan a menudo con amargura, condenándote y culpándote siempre, que ya has tenido bastante, te resulta imposible escucharla más y empiezas a evitarla. Ya no eres capaz de escuchar más a esa persona.
Intentas evitarla por miedo, porque no deseas sufrir, pero esta actitud hace que ella malinterprete la situación y piense que tú la desprecias, lo cual puede producir mucho sufrimiento.
Le das la impresión de que quieres boicotearla, ignorar su presencia. No puedes afrontar a esa persona pero, al mismo tiempo, tampoco puedes evitarla. La única solución es aprender de nuevo a comunicarte, y para ello has de escuchar profundamente a esa persona.

Sabemos que mucha gente sufre y siente que nadie es capaz de comprenderla, ni a ella ni a la situación en que se encuentra. Todo el mundo está demasiado ocupado y nadie parece tener la capacidad para escuchar, pero todos necesitamos que alguien nos escuche.
En la actualidad, hay gente que practica la psicoterapia y se supone que están ahí para ti, para sentarse y escucharte, a fin de que les abras tu corazón, pero para ser verdaderos terapeutas han de saber escuchar profundamente.
Los verdaderos terapeutas tienen la capacidad de escuchar con todo su ser, sin albergar ningún prejuicio, sin juzgar.
Cuando uno estudia para ser terapeuta, debe aprender el arte de escuchar profundamente.

Escuchar con empatía significa que lo haces de tal modo que la otra persona siente que la estás escuchando y comprendiendo de veras, que la escuchas con todo tu ser, con tu corazón. Pero ¿cuántos de nosotros podemos escuchar así?

En un principio aceptamos que hemos de escuchar con el corazón, para oír de verdad lo que el otro está diciendo.
Aceptamos que debemos dar, al que habla, la sensación de que está siendo escuchado y comprendido, y que sólo así se sentirá mejor. Pero en realidad, ¿cuántos de nosotros podemos escuchar de ese modo?

Escuchar con profundidad, con compasión, no consiste en escuchar con el fin de analizar o incluso de descubrir lo que ha ocurrido en el pasado, sino que lo haces sobre todo para que la otra persona se sienta mejor, para darle una oportunidad de expresarse, de sentir que por fin alguien la comprende.
El hecho de escuchar profundamente, nos ayuda a mantener viva la compasión, mientras el otro habla. Tal vez durante media hora o cuarenta y cinco minutos. Durante este tiempo, sólo tienes una idea en la mente, un deseo: escucharla para brindarle la oportunidad de expresarse y sufrir menos. Éste es tu único objetivo.
Otras cosas, como analizar y comprender el pasado, pueden ser una consecuencia de esta tarea, pero ante todo debes escuchar a la otra persona con compasión.

Si mientras escuchas, mantienes viva tu compasión, la ira y la irritación no podrán surgir en ti. De lo contrario, lo que esa persona te cuente, te producirá irritación, ira y sufrimiento. Sólo la compasión puede protegerte de irritarte, enojarte o llenarte de desesperación.
Mientras escuchas, deseas actuar como un Gran Ser porque sabes que la otra persona está sufriendo mucho y necesita que te acerques a ella y la rescates. Pero para hacer este trabajo, debes estar bien equipado.
Cuando los bomberos van a apagar un fuego, deben llevar el equipo adecuado.
Han de tener escaleras, agua y el tipo de ropa que les proteja del fuego. Y además han de conocer muchas formas de protegerse y de apagar el fuego.
Cuando escuchas profundamente a alguien que sufre, entras en una zona incendiada. En la persona que estás escuchando hay el fuego del sufrimiento. Está ardiendo en la ira, y si no vas bien equipado, no podrás ayudarla y podrías ser víctima del fuego que hay en ella. Por eso necesitas un buen equipo.
En este caso, tu equipo es la compasión, que alimentas y mantienes viva con la práctica de la respiración consciente. Esta práctica genera la energía de ser consciente. La respiración consciente mantiene vivo tu deseo básico, el deseo de ayudar a que la otra persona diga lo que piensa. Cuando hable, puede que sus palabras estén llenas de amargura, de repulsa y de juicios, y esas palabras podrían avivar el sufrimiento que hay en ti. Pero si mantienes viva la compasión mediante la práctica de la respiración consciente, estarás protegido, podrás seguir sentado y escucharla durante una hora sin sufrir. Tu compasión te alimentará, al saber que estás ayudando a la otra persona a sufrir menos. Desempeña el papel de un Bodhisatva y serás la mejor clase de terapeuta que exista.

La compasión nace de la felicidad y también de la comprensión. Cuando la compasión y la comprensión se mantienen vivas, estás a salvo. Lo que la otra persona diga, no te hará sufrir y podrás escucharla profundamente, de verdad.
Cuando no tienes la capacidad de escuchar con compasión, no puedes pretender que la estás escuchando, porque la otra persona sabrá que aunque estés lleno de ideas sobre el sufrimiento, no la comprendes de verdad. Pero cuando la comprendes, eres capaz de escuchar con compasión y profundidad, y la calidad de esta escucha es fruto de tu práctica.

Thich Nhat Hanh

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