04 octubre 2018

EL CUERPO DEL DOLOR


"Cuando ya no podemos soportar más el ciclo permanente de sufrimiento, comenzamos a despertar.
El sufrimiento ocupa un lugar necesario en el esquema general de las cosas; los seres humanos están destinados a evolucionar hasta convertirse en seres conscientes.
Quienes no lo hagan, sufrirán las consecuencias de su inconsciencia."
~ Eckhart Tolle

La voz de la mente tiene vida propia. La mayoría de las personas están a merced de esa voz, es decir, están poseídas por el pensamiento, por la mente. Y puesto que la mente está condicionada por el pasado, empuja a la persona a revivir el pasado una y otra vez. En Oriente utilizan la palabra “karma” para describir este fenómeno.

A través de las experiencias, cada persona va teniendo una serie de impresiones que van dejando huellas en su mente subconsciente. Es decir, van quedando grabadas en su mente y más adelante van a condicionar a la persona en su actuar.
Estas huellas se llaman Samskaras. Y son unos condicionamientos mentales que van a arrastrar a la persona inconsciente a repetir el mismo patrón mental una y otra vez sin tener la oportunidad de elegir, sin libre albedrío.
Es algo que ya está ahí, una inercia que viene del pasado como una ola y que se va repitiendo y repitiendo porque la persona no tiene el control, sino que se ve impulsada a reaccionar (actuar impulsivamente) sin pararse a elegir cómo quiere actuar.
La persona que está “atrapada” en sus propios Samskaras, reacciona ante las situaciones en función de un patrón mental que ya existe, viene del pasado, y no es dueña de sí misma. Esto es lo que se llama “estar poseído por la mente”.

Durante miles de años la humanidad se ha dejado poseer cada vez más de la mente, sin poder reconocer que esta entidad poseedora no es nuestro Ser. Fue a través de la identificación completa con la mente que surgió un falso sentido de “yo”: el ego.
La densidad del ego depende de nuestro grado (el de nuestra consciencia) de identificación con la mente y el pensamiento. El pensamiento es apenas un aspecto minúsculo de la totalidad de la consciencia, la totalidad de lo que somos.
El grado de identificación con la mente varía de persona a persona.

Además del pensamiento está la emoción. No todo pensamiento ni toda emoción le pertenecen al ego, se convierten en ego solamente cuando nos identificamos con ellos al punto de permitir que se conviertan en el "yo".
El cuerpo físico reacciona a lo que dice la mente, a nuestros pensamientos, generando así las emociones. Por tanto, una emoción es la respuesta del cuerpo a un pensamiento.
El cuerpo no tiene la capacidad de distinguir entre una situación real y un pensamiento. Reacciona a todos los pensamientos como si fueran la realidad.

El ego es la mente no observada; es decir, la voz mental que finge ser nosotros. Y también son las emociones no observadas que representan la reacción del cuerpo a lo que dice la voz de la mente.
Como la clase de pensamientos del ego son negativos, la mayoría de las veces, las emociones también serán negativas.
La voz de la mente relata una historia a la cual el cuerpo reacciona. Estas reacciones son las emociones, las cuales alimentan nuevamente el pensamiento que las creó en primer lugar. Éste es el círculo vicioso entre los pensamientos no observados y las emociones, el cual da lugar a la fabricación de historias emocionales.

El componente emocional del ego es diferente en cada persona. En algunos, el ego es más grande que en otros.
Los pensamientos que desencadenan reacciones emocionales del cuerpo pueden surgir a veces con tanta rapidez que, antes de que la mente tenga tiempo de expresarlos, el cuerpo ya ha reaccionado con una emoción. Esos pensamientos son inconscientes.
Se originan en el condicionamiento pasado de la persona, generalmente en la primera infancia.
Otros pensamientos son: "No se puede confiar en nadie”, "nadie me respeta ni me aprecia”, “Debo luchar para sobrevivir”, “Nunca hay suficiente dinero”, “La vida es una permanente desilusión”, “No merezco la abundancia”, “No merezco amor".
Estos pensamientos inconscientes crean emociones físicas, las cuales, a su vez, generan actividad mental o reacciones instantáneas. Es así como creamos nuestra realidad personal.

La voz del ego perturba constantemente el estado natural de bienestar del cuerpo. Casi todos los cuerpos humanos viven sometidos a una gran cantidad de esfuerzo y tensión no porque se vean amenazados por algún factor interno, sino a causa de la mente. El cuerpo lleva pegado un ego y no puede hacer otra cosa que reaccionar a todos los patrones disfuncionales de pensamiento del ego. Así, un torrente de emociones negativas acompaña al torrente de pensamientos compulsivos incesantes.

¿Qué es una emoción negativa? Es una emoción tóxica para el cuerpo que interfiere en su equilibrio y su funcionamiento armonioso. Las emociones como el miedo, la ansiedad, la ira, el rencor, la tristeza, el odio, los celos y la envidia perturban el flujo de energía del cuerpo y afectan al corazón, al sistema inmunológico, la digestión, la producción de hormonas, etc.
La emoción dañina para el cuerpo también se contagia a las personas que entran en contacto con nosotros. E indirectamente, a un sinnúmero de personas a quienes ni siquiera conocemos, a través de una reacción en cadena.

Las emociones positivas tienen el efecto contrario sobre el cuerpo físico: fortalecen el sistema inmune, revitalizan y sanan el cuerpo. Pero debemos diferenciar las emociones positivas generadas por el ego de las emociones positivas emanadas del estado profundo de conexión con el Ser.
Las emociones positivas generadas por el ego traen consigo un opuesto en el cual se pueden convertir. He aquí algunos ejemplos:
- Lo que el ego llama amor es deseo de poseer y un apego que puede convertirse en odio en un segundo.
- El exceso de importancia que el ego le da al futuro se convierte fácilmente en desilusión y frustración cuando el evento no satisface las expectativas del ego.
- Los elogios y el reconocimiento nos hacen sentir alegres y optimistas un día, pero la crítica y la indiferencia nos dejan tristes e infelices al otro.
- El placer de una fiesta se convierte en fatiga y resaca al día siguiente. No hay bien sin mal, alegría sin tristeza.

Las emociones generadas por el ego son producto de la identificación de la mente con los factores externos, los cuales son inestables y están sujetos a cambiar en cualquier momento.
Los estados del Ser no tienen opuesto; como aspectos de nuestra verdadera naturaleza, emanan desde nuestro interior en forma de amor, felicidad y paz.

El pasado vive en nosotros en forma de recuerdos, pero los recuerdos por sí mismos no representan un problema. Gracias a la memoria, podemos tomar consciencia de nuestros errores y aprender del pasado.
Los recuerdos, (los pensamientos del pasado), son problemáticos y se convierten en una carga únicamente cuando nos identificamos con ellos, cuando los hacemos personales y buscamos un sentido de identidad. Así es cuando se apoderan por completo de nosotros y entran a formar parte de lo que somos.
Nuestra personalidad, condicionada por el pasado, se convierte entonces en una cárcel.
Los recuerdos están dotados de un sentido de “yo”, y nuestra historia se convierte en el “yo” que creemos ser. Ese "pequeño yo" es una ilusión que no nos permite ver nuestra verdadera naturaleza como Presencia sin forma y atemporal.

La mayoría de las personas viven con la carga del pasado. Es decir, su atención se dirige constantemente a recordar las experiencias del pasado. Y la mayor parte de la atención se dirige a las experiencias negativas y de dolor. Estas personas llevan una carga en sus espaldas.
Nuestra historia no sólo está compuesta de recuerdos mentales sino también emocionales: emociones viejas que se reviven constantemente. La mayoría de las personas cargan durante toda su vida una gran cantidad de equipaje innecesario, tanto mental como emocional. Se imponen limitaciones a través de sus agravios, sus lamentos, su hostilidad y su sentimiento de culpa. El pensamiento emocional pasa a ser la esencia de lo que son, de manera que se aferran a la vieja emoción porque fortalece su identidad.
Debido a esta tendencia a perpetuar las viejas emociones, la gran mayoría de todos los seres humanos llevan en su campo de energía un cúmulo de dolor emocional; el cual he denominado "el cuerpo del dolor".

Tenemos el poder para no agrandar más nuestro dolor emocional. Podemos aprender a romper la costumbre de acumular y perpetuar las emociones viejas soltándolas y absteniéndonos de vivir en el pasado.
Podemos aprender a no mantener vivos en la mente los sucesos o las situaciones pasadas y traer nuestra atención constantemente al momento presente en lugar de fabricar películas mentales. Así, dejamos de identificarnos con el pasado y pasamos a ser lo que ya somos; presencia. De esta manera, se rompe la identificación con el pasado y los recuerdos dejan de afectarnos.
No hay nada que haya sucedido en el pasado que nos impida estar en el presente. El pasado no puede impedirnos estar en el presente.

Ninguna emoción negativa que no enfrentemos y reconozcamos por lo que es, puede realmente disolverse por completo. Deja tras de sí un rastro de dolor.
Para los niños, las emociones negativas fuertes son demasiado abrumadoras, por lo que tienden a tratar de no sentirlas. Es necesario un adulto completamente consciente que los guíe con amor y compasión para que puedan enfrentar la emoción directamente. Si no, la única alternativa que le queda al niño es no sentir la emoción (reprimirla).
Ese mecanismo de defensa de la infancia suele permanecer hasta la edad adulta. La emoción sigue viva y al no ser reconocida, se manifiesta indirectamente en forma de ansiedad, ira, reacciones violentas, tristeza y hasta en forma de enfermedad física.
En algunos casos, interfiere con todas las relaciones íntimas y las sabotea.

Todos los vestigios de dolor que dejan las emociones negativas fuertes y que no se enfrentan y aceptan para poder liberarlas, terminan uniéndose para formar un campo de energía residente en las células mismas del cuerpo.
Está constituido no solamente por el sufrimiento de la infancia, sino también por las emociones dolorosas que se añaden durante la adolescencia y durante la vida adulta; la mayoría de ellas creadas por el ego. El dolor emocional es nuestro compañero inevitable cuando la base de nuestra vida es un falso sentido de “yo”, un falso sentido de identidad (ego).
Este campo de energía hecho de emociones viejas pero que continúan muy vivas en la mayoría de las personas, es el cuerpo del dolor.

El cuerpo del dolor no es solamente individual,  también es colectivo: participa del sufrimiento experimentado por millones de seres humanos a lo largo de una historia de guerras, esclavitud, rapacería, violaciones, torturas y otras formas de violencia.
Este sufrimiento permanece vivo en la mente colectiva de la humanidad y se acrecienta día tras día como podemos comprobarlo en los noticiarios u observando el drama de las relaciones humanas.
En el cuerpo colectivo del dolor seguramente está codificado el ADN de todos los seres humanos. El ADN es la información genética.

Todos los seres que llegan al mundo traen consigo un cuerpo de dolor emocional. En algunos es más pesado y denso que en otros.
Las personas cuyo cuerpo del dolor es más pesado, generalmente tienen mayores oportunidades de despertar espiritualmente que quienes tienen un cuerpo relativamente liviano. Mientras algunas permanecen atrapadas en sus cuerpos densos, muchas otras llegan a un punto en que ya no toleran su dolor e infelicidad, de manera que se acentúa su motivación para liberarse de él; para despertar.

El cuerpo del dolor es una forma semi-autónoma de energía, hecha de emociones, que está en el interior de la mayoría de los seres humanos. Tiene su propia inteligencia, muy parecida a la de un animal astuto, y su principal objetivo es la supervivencia. Al igual que todas las formas de vida, necesita alimentarse periódicamente (absorber nueva energía) y su alimento es la energía compatible con la suya propia; es decir, la energía que vibra en una frecuencia semejante. Toda energía emocionalmente dolorosa puede convertirse en alimento para el cuerpo del dolor. Es por eso que tanto le agradan al cuerpo del dolor los pensamientos negativos y el drama de las relaciones humanas.
El cuerpo del dolor es una adicción a la infelicidad.

Hay algo en tu interior que busca periódicamente la negatividad emocional y la infelicidad. Es preciso estar más conscientes para verlo en nosotros mismos que en los demás. Una vez que la infelicidad se apodera de nosotros, tratamos de que los demás se sientan tan infelices como nosotros a fin de alimentarnos de sus reacciones emocionales negativas.

En la mayoría de los casos, el cuerpo del dolor tiene una fase activa y otra latente. Cuando está latente olvidamos fácilmente que llevamos una nube negra o un volcán dormido en nuestro interior.
El período que permanece latente varía de una persona a otra: lo más común es unas cuantas semanas, pero puede ser también unos cuantos días o unos meses. En algunos casos infrecuentes, el cuerpo del dolor puede permanecer en estado de hibernación durante años hasta que algún suceso lo despierta.

El cuerpo del dolor despierta o se activa ante un suceso o situación concreta y entonces quiere alimentarse de más dolor. Cuando se dispone a alimentarse puede valerse del suceso más trivial, desde algo que alguien dice o hace, o incluso un pensamiento.
Si la persona vive sola o no hay nadie cerca en el momento, el cuerpo del dolor se alimenta de los pensamientos negativos. De un momento a otro, los pensamientos se tornan profundamente negativos.
Todos los pensamientos son energía y el cuerpo del dolor procede a alimentarse de esa energía. Pero no cualquier pensamiento le sirve de alimento. Un pensamiento positivo vibra en una frecuencia diferente a un pensamiento negativo; el pensamiento positivo genera una sensación distinta a la que genera uno negativo. Aunque es la misma energía, vibran en frecuencias distintas. Un pensamiento alegre y positivo es indigestible para el cuerpo del dolor, el cual, solamente puede alimentarse de los pensamientos compatibles con su propio campo de energía.
Todas las cosas son campos de energía vibratorios en constante movimiento. Lo que percibimos como materia física es energía que vibra (se mueve) en una determinada gama de frecuencias; son átomos en movimiento. Los pensamientos están hechos de la misma energía pero vibran a una frecuencia más alta que la de la materia, por la cual no podemos verlos o tocarlos.
Los pensamientos tienen su propia gama de frecuencias: los negativos están en la parte inferior, mientras que los positivos están en la parte superior de la escala. La frecuencia vibratoria del cuerpo del dolor resuena con la de los pensamientos negativos, por lo cual, solamente puede alimentarse de ellos.

La emoción del cuerpo del dolor no tarda en apoderarse del pensamiento, y una vez que eso sucede, la mente comienza a producir pensamientos negativos. La voz de la mente comienza a contar historias de tristeza, angustia o ira acerca de la vida, de nosotros mismos, de las otras personas, de los sucesos pasados, presentes, futuros o imaginarios. La voz culpa, acusa, reniega, se imagina. Y nosotros nos identificamos totalmente con lo que dice la voz y creemos todos sus pensamientos distorsionados. Es el momento en que se apodera de nosotros la adicción a la infelicidad.
En ese momento, el cuerpo del dolor está viviendo a través de nosotros y suplantando a nuestro verdadero ser.
Cada pensamiento alimenta el cuerpo del dolor y éste, a su vez, genera más pensamientos. Es un círculo vicioso entre el cuerpo del dolor y el pensamiento.
En algún momento, después de unas cuantas horas o hasta días, una vez que el cuerpo del dolor está satisfecho, entonces vuelve a dormir, dejando tras de sí un organismo agotado y un cuerpo mucho más susceptible a la enfermedad. Se parece mucho a un parásito psíquico, y eso es en realidad.

Cuando tenemos personas a nuestro alrededor, especialmente el cónyuge o un familiar cercano, el cuerpo del dolor busca provocarlas para poder alimentarse del drama que seguramente sobrevendrá.
A los cuerpos del dolor les encantan las relaciones íntimas y las familias porque es a través de ellas que obtienen mayor alimento.

El cuerpo del dolor de la otra persona desea despertar el nuestro para que los dos puedan alimentarse mutuamente.
Muchas relaciones pasan por episodios violentos y destructivos montados por el cuerpo del dolor a intervalos periódicos. Un niño experimenta un sufrimiento casi insoportable cuando se ve obligado a presenciar la violencia emocional de los cuerpos del dolor de sus padres. Es una de las formas de transmitir el cuerpo del dolor de generación en generación.

El consumo excesivo de alcohol suele activar el cuerpo del dolor. En estado de ebriedad, la persona sufre un cambio de personalidad cuando el cuerpo del dolor asume el control. Una persona profundamente inconsciente cuyo cuerpo del dolor se reabastece periódicamente a través de la violencia física, suele dirigir esa violencia contra su cónyuge o sus hijos. Cuando recupera la sobriedad, su arrepentimiento es grande y auténtico y promete seriamente no volver a cometer esos actos de violencia. Sin embargo, la persona que habla y promete no es la entidad agresora, de tal manera que es seguro que vuelva a caer en ese comportamiento una y otra vez, a menos que reconozca el cuerpo del dolor que vive en su interior, opte por estar presente y logre dejar de identificarse con ese cuerpo del dolor.

Los cuerpos del dolor buscan infligir sufrimiento y ser a la vez víctimas de él. Se alimentan de la violencia, ya sea física o emocional.
Algunas parejas que creen estar enamoradas en realidad se sienten atraídas porque sus respectivos cuerpos del dolor se complementan.
Puede ser que un buen día vemos que nuestra pareja experimenta un cambio radical de personalidad; usa un tono de voz duro o estridente para acusarnos o culparnos y gritarnos. Hay una energía intensamente hostil que emana de ella. Cuando la miramos a los ojos, éstos ya no brillan. Es como si estuviéramos frente a un perfecto extraño en cuyos ojos vemos odio, hostilidad, amargura o ira. Cuando nos hablan, no es la voz de nuestra pareja, sino el cuerpo del dolor que habla a través de ella. Lo que dice no es más que la versión distorsionada de la realidad que nos ofrece el cuerpo del dolor; una realidad completamente distorsionada por el miedo, la hostilidad, la ira y el deseo de infligir y recibir más dolor. No es verdaderamente nuestra pareja, sino el cuerpo del dolor que ha tomado posesión de ella transitoriamente.
Sería difícil encontrar una pareja que no cargue con un cuerpo del dolor, pero quizás sería prudente elegir a alguien cuyo cuerpo del dolor no sea tan denso.

Algunas personas cargan cuerpos del dolor densos, que nunca están completamente latentes. Pueden sonreír y conversar educadamente, pero podemos sentir el nudo de infelicidad que bulle bajo la superficie, esperando el siguiente suceso que les permita reaccionar, la siguiente persona a quien culpar o confrontar, la siguiente razón para ser infelices. Sus cuerpos del dolor nunca se satisfacen, siempre están hambrientos. Intensifican la necesidad del ego de tener enemigos.
Su reactividad hace que las cosas con poca importancia se salgan de toda proporción porque tratan de arrastrar a los demás hacia su drama haciéndolos reaccionar.
Algunas de estas personas viven en batallas prolongadas y finalmente inútiles o en litigios contra empresas y personas. Otras se consumen de odio obsesivo contra su antigua pareja. Sin reconocer el dolor que llevan adentro, proyectan su dolor sobre las situaciones y los sucesos a través de su reacción. Puesto que no tienen consciencia alguna de lo que son, no distinguen entre un suceso y su reacción frente al mismo. Para ellos, la infelicidad y el sufrimiento es parte integral del suceso o de la situación. Al no tener consciencia de su estado interior, ni siquiera saben que son profundamente infelices y que están sufriendo.

¿Por qué las películas violentas atraen a un público tan grande? Hay una industria enorme, parte de la cual se sostiene gracias a la adicción de los seres humanos a la infelicidad. Las personas ven esas películas porque desean sentirse mal.
¿Qué es lo que motiva al ser humano a querer sentirse mal? El cuerpo del dolor.
Buena parte de la industria del entretenimiento está dirigida a él.
Además de la reactividad, los pensamientos negativos y el drama personal, el cuerpo del dolor también se renueva indirectamente a través del cine y la televisión.
Son cuerpos del dolor los que escriben y producen esas películas para que otros cuerpos del dolor paguen por verlas.

En la actual etapa evolutiva de la humanidad, la violencia no solamente es generalizada sino que va en aumento, a medida que la vieja consciencia egotista, amplificada por el cuerpo del dolor colectivo, se intensifica antes de su inevitable muerte.
Si las películas muestran la violencia dentro de su contexto más amplio, si muestran el origen y las consecuencia de esa violencia, si muestran la inconsciencia que está detrás de ella y que se pasa de generación en generación (la ira y el odio que viven en forma de cuerpo del dolor en cada ser humano), entonces las películas pueden desempeñar un papel fundamental en el despertar de la humanidad. Pueden ser el espejo en el cual la humanidad vea reflejada su locura. Aquello que reconoce la locura como tal es cordura, es el despertar de la consciencia, es el fin de la demencia.
Esta clase de películas existen y no alimentan el cuerpo del dolor. El cuerpo del dolor solamente se puede alimentar de las películas en las cuales la violencia se presenta como un comportamiento normal y hasta deseable, o que glorifican la violencia con el único propósito de generar emociones negativas en el observador.

Los medios de comunicación noticiosos en general, incluida la televisión, tienden a prosperar a base de noticias negativas. No venden principalmente noticias sino emociones negativas: alimento para el cuerpo del dolor. A los cuerpos del dolor sencillamente les encanta.

Los cuerpos del dolor colectivos tienen distintas ramificaciones; Las naciones, las razas, las tribus, etc., tienen sus propios cuerpos colectivos, algunos más pesados que otros.
Casi todas las mujeres participan del cuerpo del dolor colectivo femenino, el cual tiende a activarse especialmente antes de la menstruación. En ese momento, muchas mujeres se sienten invadidas de emociones negativas. Esto se debe a la represión y supresión de la parte femenina que se ha vivido durante los últimos 2.000 años.
Pero las mujeres se identifican con el ego menos que los hombres, permanecen en mayor contacto con el Ser interno y la intuición, son más sensibles y están en mayor sintonía con otras formas de vida y la naturaleza.
Los hombres también tienen parte femenina; todos los seres humanos, indistintamente de su género, tienen parte masculina y parte femenina. Al intentar suprimir la parte femenina a lo largo de estos 2.000 años, no solamente en las mujeres sino también en los hombres, la parte masculina que es más racional se ha intensificado y ha provocado una gran desconexión con nuestro ser interno.
Si no se hubiera destruido el equilibrio entre la energía masculina y femenina en nuestro planeta, el crecimiento del ego se habría visto obstaculizado en gran medida. No le habríamos declarado la guerra a la naturaleza y no estaríamos tan completamente alejados de nuestro Ser.

Actualmente vivimos una situación en la cual se ha interiorizado la supresión de nuestro aspecto femenino, incluso en la mayoría de las mujeres. Muchas de ellas, puesto que lo sagrado de lo femenino está suprimido, lo sienten en forma de dolor emocional. Se ha convertido en parte de su cuerpo del dolor, junto con el sufrimiento infligido a las mujeres durante miles de años a través del parto, las violaciones, la esclavitud, la tortura y la muerte violenta.
Pero las cosas están cambiando rápidamente; muchas personas comienzan a tomar consciencia y el ego comienza a perder su dominio sobre la mente humana.
Puesto que el ego nunca se arraigó profundamente en las mujeres, está perdiendo su ascendiente sobre ellas con mayor rapidez que sobre los hombres.

El cuerpo del dolor es más denso en algunos países en los cuales se han producido o cometido muchos actos de violencia colectiva. Esta es la razón por la que las naciones más antiguas tienden a tener cuerpos del dolor más fuertes.
Los países más jóvenes como Canadá o Australia, o los que han permanecido al abrigo de la locura generalizada como es el caso de Suiza, tienden a tener cuerpos colectivos más livianos. Claro está que los habitantes de esos países tienen sus propios cuerpos del dolor individuales.
Cuando se tiene sensibilidad suficiente, es posible sentir el peso del campo de energía de ciertos países tan pronto como uno baja del avión.
En otros países se puede percibir un campo de energía de violencia latente bajo la superficie de la vida cotidiana. En algunas naciones, como por ejemplo en el Medio Oriente, el cuerpo colectivo del dolor es tan agudo que una parte importante de la población se ve obligada a manifestarlo a través de un ciclo de locura interminable de crímenes y venganzas a partir del cual se renueva constantemente el cuerpo del dolor.

En algunos países el cuerpo del dolor es pesado pero ya ha dejado atrás su fase aguda. El pesado cuerpo del dolor de China se ha mitigado hasta cierto punto con la práctica generalizada del Tai Chi.
Todos los días, en las calles y en los parques, millones de personas practican esta forma de meditación en movimiento que tranquiliza la mente. Esto tiene un efecto profundo sobre el campo de energía colectivo y contribuye a disminuir hasta cierto punto el cuerpo del dolor, al reducir la actividad de la mente y generar Presencia.
El mundo occidental ha comenzado a acoger cada vez más las prácticas espirituales en las que participa el cuerpo físico, como el Tai Chi, el Qi-gong, y el Yoga. Estas prácticas no crean una separación entre el cuerpo y el espíritu y ayudan a debilitar el cuerpo del dolor. Su papel en el despertar del planeta será de gran importancia.

El cuerpo colectivo racial es pronunciado entre los judíos, quienes han sufrido persecuciones durante muchos siglos. No sorprende que sea también fuerte entre los pueblos nativos de Norteamérica, los cuales fueron diezmados y cuyas culturas prácticamente fueron aniquiladas con la llegada de los colonos europeos.
Los afroamericanos también tienen un cuerpo colectivo del dolor pronunciado. Sus ancestros fueron arrancados violentamente de su tierra natal, sometidos a golpes y vendidos como esclavos. Las bases de la prosperidad económica de los Estados Unidos se construyeron sobre el trabajo forzado de 4 ó 5 millones de esclavos.
El sufrimiento causado a los pueblos nativos y a los afroamericanos no ha permanecido confinado a esas dos razas, sino que se ha convertido en parte del cuerpo colectivo del dolor de los estadounidenses. Siempre sucede que tanto la víctima como el victimario sufren las consecuencias de todo acto de violencia, opresión o crueldad. Porque por ley del karma, nos hacemos a nosotros mismos lo que les hacemos a los demás.

Realmente no importa cuál proporción de nuestro cuerpo del dolor pertenezca a nuestra nación o nuestra raza y cuál proporción sea personal. Cualquiera que sea el caso, la única manera de trascenderlo es asumiendo la responsabilidad de nuestro estado interior en este momento. Mientras culpemos a los demás continuaremos alimentando el cuerpo del dolor con nuestros pensamientos y permaneceremos atrapados en el ego.
Solamente hay una fuente de maldad en nuestro planeta: la inconsciencia humana. Reconociendo tal inconsciencia, traemos luz y presencia y podemos disolver gran parte de nuestro dolor y negatividad.



Eckhart Tolle
"Una Nueva Tierra"

06 septiembre 2018

LEY DEL DHARMA. VIVIR DESDE LA ABUNDANCIA


"Todo aquello que no te produce satisfacción, gozo y entusiasmo, déjalo o cambia de enfoque y acéptalo. Cuando hacemos lo que no nos gusta, generamos sufrimiento en nosotros mismos y en los que están a nuestro alrededor". (Eckhart Tolle)

Dharma es un vocablo sánscrito que significa “propósito en la vida”.
Esta ley dice que todos los seres nos hemos manifestado en forma física para cumplir un propósito.
El campo de la potencialidad pura es la divinidad en su esencia. Y la divinidad adopta la forma humana para cumplir un propósito.
De acuerdo con esta ley, cada uno de nosotros tiene un talento único y una manera única de expresarlo.
Cada individuo es irrepetible y tiene un talento único. Ningún ser puede hacer una cosa igual que otro ser en todo el mundo.
Y por cada talento único y por cada expresión única de dicho talento, también existen unas necesidades únicas.
Cuando estas necesidades se unen con la expresión creativa de nuestro talento se produce la chispa que crea la abundancia.

La ley del Dharma tiene 3 componentes:

1. El primero dice que cada uno de nosotros está aquí para descubrir a su verdadero Yo Superior, o también llamado Yo Espiritual.
Somos en esencia, seres espirituales que han adoptado una forma física para manifestarse aquí en la Tierra. No somos seres humanos que tienen experiencias espirituales, sino todo lo contrario, somos seres espirituales que tienen experiencias humanas.

2. El segundo componente es la expresión de nuestro talento único.
La ley del Dharma dice que cada uno de nosotros tiene un talento único en su expresión.
No existe otro ser sobre el planeta que tenga ese talento o que lo exprese de esa manera.

3. El tercer componente es el servicio a la humanidad.
Servir a los demás seres humanos y preguntarse: ¿Cómo puedo ayudar? ¿Cómo puedo ayudar a todas las personas con quienes tengo contacto?
Cuando combinamos la capacidad de expresar nuestro talento único con el servicio a la humanidad, estamos usando plenamente la ley del Dharma.
Y cuando unimos esto al conocimiento de nuestra propia espiritualidad, el campo de la potencialidad pura, es imposible que no tengamos acceso a la abundancia ilimitada, porque ésta es la verdadera manera de lograr la abundancia.
Y no se trata de una abundancia transitoria, ésta es permanente en virtud de nuestro talento único, de nuestra manera de expresarlo y de nuestro servicio y dedicación a los demás seres humanos.

Si deseamos utilizar al máximo la ley del Dharma, es necesario que nos comprometamos a hacer varias cosas:
1. Primer compromiso: Por medio de la práctica espiritual, buscaremos nuestro Yo Superior, el cual está más allá de nuestro ego.

2. Segundo compromiso: Descubriremos nuestros dones y talentos únicos, y una vez descubiertos disfrutaremos de la vida expresándolos.
Sabremos cuáles son nuestros dones y talentos únicos cuando realicemos aquello que nos gusta y perdamos la noción del tiempo y entremos en el estado de dicha absoluta.

3. Tercer compromiso: Nos preguntaremos cuál es la mejor manera de poder servir a la humanidad con la expresión de nuestros talentos únicos.

(Deepak Chopra)


Nuestro propósito primario o principal es la Auto-realización; es reconocer nuestra verdadera naturaleza y establecernos en ella. Esto lo podemos hacer a través de la práctica espiritual.
La meditación es una herramienta muy importante para poder realizar nuestro verdadero Ser, ya que la meditación nos permite observar nuestra mente y calmar los pensamientos y conectar con nuestro verdadero Ser.
Cuando observamos nuestros pensamientos, podemos darnos cuenta de que hay un espacio entre pensamiento y pensamiento. Este espacio es silencio, vacío. Y cuando observamos este vacío, en ese mismo vacío reconocemos nuestra verdadera naturaleza, la cual, está más allá de toda la experiencia.

Cuando nuestra atención está distraída con las cosas mundanas, no somos conscientes de lo que realmente somos, pues todo el contenido y movimiento mental oscurece nuestro Verdadero Ser. Es como las nubes que ocultan el sol; el sol siempre está ahí, pero las nubes ocultan el sol. Estas nubes son nuestros pensamientos; es el contenido de nuestra mente que viene y va. Y todo este contenido oculta nuestra verdadera naturaleza. Cuando meditamos y observamos el espacio de silencio y vacío que hay entre pensamiento y pensamiento, entre contenido y contenido, entonces podemos ver claramente nuestra verdadera naturaleza.

Todo lo que experimentamos es contenido, y es mental. Lo que verdaderamente somos está más allá de este contenido.
Una persona que vive totalmente distraída en las cosas del mundo, su mente está llena de contenido, de pensamientos.
La naturaleza de la mente es movimiento, la mente busca experimentar, busca objetos, contenido, por lo que siempre está llevando la atención hacia los objetos de percepción y hacia el mundo externo.
La persona que vive totalmente atrapada en su mente, no es consciente del silencio que existe más allá de dicho contenido, por tanto, esta persona vivirá atrapada en los patrones mentales condicionados de su mente. Estos patrones mentales condicionados son los samskaras; las huellas e impresiones que han quedado grabadas en la mente subconsciente debido a experiencias pasadas.
Cada vez que experimentamos en la vida, todas estas experiencias son huellas e impresiones que van quedando grabadas en nuestra mente subconsciente. Estas impresiones o también llamadas samskaras, a medida que las vamos repitiendo y repitiendo, se convertirán en hábitos (vasanas). La persona que vive en su mente, vivirá condicionada por dichas impresiones y reproducirá dichos hábitos de manera inconsciente, sin pararse a observar ni a discernir. Tal persona experimentará su vida de forma inconsciente y reaccionará como un piloto automático, siento impulsada a repetir una y otra vez los mismos hábitos o vasanas sin tener libre albedrío.

Es decir, cuando nuestra atención está totalmente enfocada en la mente y en el mundo, somos arrastrados por esta inercia mental de huellas e impresiones que ya están en nuestro subconsciente. Y ante las situaciones que experimentamos, reaccionamos reproduciendo estos mismos patrones. De tanto reproducir estos patrones, creamos hábitos.
Así que la persona inconsciente vive atrapada en su mente, repitiendo los mismos hábitos una y otra vez sin elegir cómo actuar. No usa el discernimiento.
Esta persona está desconectada de sí misma, de su ser. Y esta desconexión hace que la persona no viva alineada con su propósito de vida o ley del dharma, sino que vive en función de los deseos de la mente y de sus hábitos. Esto conlleva a que la persona no esté manifestando sus dones y talentos únicos, por lo que no estará disfrutando de lo que hace. Generará sufrimiento para sí misma y no estará alineada con la abundancia de la vida.
Cuando no hacemos lo que nos gusta, generamos sufrimiento para nosotros mismos y para los que nos rodean. Vivimos como esclavos de la vida y luchamos para ganarnos el sustento y para poder sobrevivir. Vivimos desde el miedo y la inseguridad creyendo que tenemos que trabajar de lo que sea para ganar el dinero que necesitamos para sobrevivir. El trabajo se torna una obligación, una carga, algo negativo que detestamos o que no nos hace disfrutar. Tenemos un sentimiento de falta, de carencia y únicamente trabajamos para ganar dinero para cubrir nuestras necesidades y nuestros deseos. No gozamos de lo que hacemos, sino que somos esclavos de ello.
Esto es vivir desconectados de nosotros mismos, vivir inconscientemente, atrapados por el deseo, la necesidad y el miedo, los cuales, son de la mente. Y esto no crea abundancia en nuestra vida, sino esclavitud y sufrimiento.

Cuando empezamos a observar los espacios de silencio que hay entre pensamiento y pensamiento, permitimos que haya espacio en la mente. Y cuando hay espacio, podemos sentir nuestro verdadero ser. Nos conectamos con nuestra verdadera naturaleza y adquirimos la capacidad de poder discernir. El discernimiento es una cualidad de nuestro intelecto, el cual, está más allá de la mente (de los pensamientos y emociones).
La persona que está conectada con su ser, ya no vive desde la mente condicionada sino que vive desde el corazón, el sentir. Ya no es arrastrada por los patrones condicionados de su mente, por lo que ya no será presa de los samskaras y vasanas. 
Dicha persona ya no será esclava de los deseos de la mente, sino que vivirá desde el sentir del corazón. Entonces, manifestará sus dones y talentos únicos y los pondrá al servicio de los demás seres. Estará alineada con su propósito externo, la ley del dharma, por tanto, sentirá satisfacción, gozo y entusiasmo por lo que hace. Disfrutará de la vida y se sentirá plena y agradecida, generando abundancia y felicidad para sí misma y para los demás.

La clave es primero realizar nuestro propósito interno, que es vivir conectados con nuestro ser. Y una vez vivimos desde nuestro ser, podremos manifestar nuestros dones y talentos únicos. Estaremos al servicio de los demás, disfrutaremos de lo que hacemos y crearemos abundancia y felicidad.




Camino al Despertar 

08 julio 2018

LAS MIL CARAS DEL EGO



“La liberación lo es de algo. ¿Qué es usted, para liberarse de qué? Obviamente, debe liberarse de la persona por quien usted se toma, pues es la idea que tiene de usted mismo la que le mantiene sumido en la esclavitud”.
~ Nisargadatta Maharaj

Por lo general, las personas no toman consciencia de los personajes a los cuales representan; son esos personajes.
El ego se alimenta de la atención de los demás, la cual, es una forma de energía psíquica. 
El ego ignora que la fuente de toda energía está en el interior, de manera que la busca en el exterior.
El ego no busca la atención de la Presencia, sino que busca alguna forma de atención como el reconocimiento, la alabanza, la admiración, o sencillamente ser reconocido de alguna manera, que se reconozca su existencia.

El ego siempre desea algo, o si cree que el otro no tiene nada que ofrecerle, permanece en un estado de total indiferencia: no se interesa por el otro. 
Si una persona tiene más, sabe más, o puede hacer más que yo, el ego se siente amenazado porque hay una sensación de ser "menos" con respecto a la otra persona.
Los tres estados predominantes de las relaciones del ego son: carencia, deseos frustrados (ira, resentimiento, acusación, quejas), e indiferencia.

Un ego que desea algo de otra persona generalmente representa algún tipo de papel con el objetivo de satisfacer sus "necesidades"; ya sea una ganancia material, una sensación de poder o de superioridad, una sensación de ser especial, o algún tipo de gratificación, ya sea física o psicológica.

La persona tímida que teme despertar la atención de los demás no carece de ego. Tiene un ego ambivalente que teme y a la vez desea la atención de los demás. El temor es que la atención adopte la forma de desaprobación o crítica. Es decir, algo que reduzca a menos su sentido de yo en lugar de engrandecerlo.
El temor de recibir atención es mayor que la necesidad de tenerla. La timidez suele ir de la mano con un concepto negativo de uno mismo; la idea de ser inadecuado.

Detrás de todo concepto positivo de uno mismo (como por ejemplo: soy el mejor), está el miedo de no ser lo suficientemente bueno.
Detrás de todo concepto negativo de uno mismo (como por ejemplo: no sirvo para nada), se oculta el deseo de ser el mejor de todos, o mejor que los demás.
Detrás de la sensación de superioridad del ego seguro de sí mismo y de la necesidad de conservar esa superioridad, está el temor inconsciente a la inferioridad. Y al revés, el ego tímido que se siente inferior, tiene un fuerte deseo oculto de ser superior.
Muchas personas fluctúan entre la sensación de inferioridad y de superioridad, dependiendo de las situaciones o de las personas con quienes entran en contacto. 

Algunos egos, cuando no logran despertar alabanzas y admiración, se contentan con otras formas de atención y representan a los personajes necesarios para obtenerlas. Si no consiguen atención positiva, podrían buscar la atención negativa, provocando una reacción negativa en otra persona. Algunos niños lo hacen; se comportan mal para atraer la atención.

La representación de papeles negativos adquiere fuerza especialmente cuando el ego se amplifica a causa del sufrimiento emocional del pasado que desea renovarse sintiendo más dolor.

Uno de los personajes representados con mayor frecuencia es el de la víctima, la cual busca la simpatía o la compasión o el interés de los demás por mis problemas, "yo y mi historia".
La víctima es uno de los componentes de muchos patrones de ego, como renegar, sentirse ofendido, injuriado, etc. Pero una vez que nos identificamos con una historia en la cual nos hemos asignado el papel de víctimas, no deseamos que acabe, y por tanto, el ego no desea poner fin a sus "problemas" porque son parte de su identidad.
Tener la identidad de una persona maltratada por la vida, por las demás personas, por el destino o por Dios es una forma de ser alguien; lo cual, es lo único que le interesa al ego.

Representar personajes implica un gran esfuerzo que no se puede mantener indefinidamente. ¿Qué queda cuando se abandonan los personajes? En la mayoría de los casos no queda todavía la verdadera esencia del ser, sino el ego desnudo, privado de sus máscaras, con su dolor emocional y sus frustraciones que ahora se convierten en ira dirigida contra los demás. 

La identificación con lo condicionado y lo temporal impide el paso de la luz de la esencia incondicionada y eterna de cada ser humano.

Cuando sentimos que ya no sabemos quienes somos, podemos sentirnos confundidos. Pero "no saber" no es confusión. La confusión es: "no sé, pero debería saber" o "no sé, pero necesito saber".
¿Qué le pasa a la confusión cuando nos deshacemos de la idea de que debemos o necesitamos saber quiénes somos? Desaparece súbitamente.
Cuando aceptamos plenamente que no sabemos, entramos en un estado de paz y claridad más parecido a lo que somos realmente. Definirse a través del pensamiento es limitarse a sí mismo.

Lo que realmente importa no es la función que cumplimos en este mundo, sino si nos identificamos hasta tal punto con esa función que ella se apodera de nosotros y se convierte en el personaje de un drama que representamos.
Cuando representamos personajes somos inconscientes. Cuando reconocemos que estamos representando un personaje, ese simple reconocimiento crea un espacio de separación entre lo que soy y el personaje. Es el comienzo de la liberación. 
Cuando estamos completamente identificados con un personaje, confundimos un patrón de comportamiento con nuestra verdadera esencia y nos tomamos muy en serio. Todo nos lo tomamos de forma personal. 
Cuando representamos un papel nos tomamos muy en serio tanto a la vida como a nosotros mismos. Entonces se pierden la espontaneidad, la alegría y la despreocupación.

Cuando estamos lo suficientemente conscientes para observar nuestras interacciones con los demás, podemos detectar cambios sutiles en nuestra forma de hablar, nuestra actitud y nuestro comportamiento, dependiendo de la persona a quien tengamos delante.
Al principio puede ser más fácil observar estos cambios en otras personas, pero posteriormente podremos detectarlos en nosotros mismos.
La forma como nos dirigimos al presidente de la compañía puede ser diferente con la forma como hablamos con el portero. Podemos hablar de manera diferente con un adulto que con un niño. Representamos distintos personajes. No somos nosotros mismos ni cuando nos dirigimos al presidente o al portero o al niño.
Mientras más identificadas estén las personas con sus personajes respectivos, más falsa es su relación. Por consiguiente, no sorprende que las relaciones estén plagadas de conflicto. No hay una relación verdadera.

Todas las motivaciones del ego están encaminadas a engrandecernos y favorecer nuestros intereses. Y algunas veces las disfrazamos muy bien para que ni siquiera la persona en quien opera el ego las pueda reconocer.
El ego tiene la necesidad de manipular a los otros para que llenen su constante sentido de carencia.

Si nos sentimos infelices, lo primero que debemos reconocer es esa infelicidad que llevamos dentro. Es probable que una situación determinada que estemos viviendo tenga relación con la infelicidad; en palabras comunes “esta situación me hace infeliz”. Quizás sea necesario tomar medidas para modificar la situación o para alejarse de ella. Si no hay nada que hacer, si no podemos modificar la situación ni alejarnos de ella, es preciso enfrentar la situación y aceptarla. Nunca es la situación la causa principal de la infelicidad, sino lo que interpretamos y pensamos de ella. Debemos tomar consciencia de nuestra interpretación de la situación, la cual siempre es como es, y cambiar nuestro enfoque o manera de ver las cosas. 
Debemos reconocer que las emociones que sentimos se derivan en gran medida de las cosas que pensamos. Debemos ver la conexión entre los pensamientos y las emociones. En lugar de ser pensamiento y emoción, somos la consciencia que los observa.
No debemos buscar la felicidad a fuera puesto que no la encontraremos. La felicidad es una cualidad natural de nuestra verdadera esencia. La infelicidad es una cualidad de la mente y opaca nuestro estado natural de bienestar y paz interior, fuentes reales de la verdadera felicidad.

El sufrimiento nos ayuda a adentrarnos en nosotros mismos. Si no sufriéramos, permaneceríamos en la superficie, identificados con las cosas y no evolucionaríamos. 
El sufrimiento se debe a la identificación con la forma, pero la paradoja es que a la vez el sufrimiento erosiona la identificación con la forma. 
El sufrimiento es producto del ego, aunque con el tiempo lo destruye. Pero solamente hasta que uno se hace consciente del sufrimiento. 
La humanidad está destinada a trascender el sufrimiento, pero no de la manera como piensa el ego. Uno de los errores del ego es el pensamiento "No tendría por qué sufrir". El propósito del sufrimiento es promover la evolución de la consciencia y consumir al ego. El proceso se hace más lento en la medida en que nos resistimos al sufrimiento porque la resistencia produce más ego. Sin embargo, cuando aceptamos el sufrimiento se acelera el proceso gracias al hecho de sufrir conscientemente. Es decir, gracias a aceptar el sufrimiento la transmutación ocurre; el fuego de la consciencia transmuta el sufrimiento y acaba por disolverse. 
Debemos acoger, aceptar y abrazar el sufrimiento, en lugar de evitarlo y rechazarlo, para poder trascenderlo.

El ego no sabe nada acerca del Ser sino que cree que la salvación final está en el hacer. 
Cuando somos presa del ego creemos que haciendo más y más finalmente acumularemos suficientes "acciones" para sentirnos completos en algún momento futuro. Pero en realidad no es así. Solamente nos perderemos en medio de la actividad. 
Toda la humanidad se está perdiendo en medio de una actividad que no está anclada en el Ser y, por tanto, es inútil.

Dominar la vida no es cuestión de control sino de encontrar el equilibrio entre nuestra humanidad y nuestro Ser. Nuestros personajes y las funciones que cumplimos como ser madre, padre, esposo, esposa, joven o viejo, al igual que todo lo que hacemos, pertenece a la dimensión humana. Son cosas que tienen su lugar y a las cuales debemos honrar, pero no son suficientes para llevar una vida o una relación verdaderamente plena y significativa. 
Lo humano por sí solo nunca es suficiente, independientemente de cuánto nos esforcemos o de todo lo que logremos. Por otro lado está el Ser; esta dimensión se encuentra en la presencia quieta y alerta de la Conciencia misma, la Conciencia que somos. Lo humano es la forma; el Ser no tiene forma. Lo humano y el Ser no están separados sino entretejidos.
Todos los seres humanos somos diferentes en la forma, pero somos iguales en el Ser. Solamente cuando somos conscientes de la dimensión sin forma en nuestro interior, es decir, somos conscientes del Ser, es cuando puede haber amor verdadero en las relaciones. La Presencia, nuestro Yo Soy eterno, se reconoce en el otro, y ese otro se siente amado, es decir, reconocido. Amar es reconocer en el otro (en el plano del Ser).
El ansia de amor de todos los seres humanos radica en el ansia de ser reconocidos, no en el plano de la forma, sino en el plano del Ser. Si solamente honramos la dimensión humana de los demás y descuidamos su Ser, ellos sentirán que la relación no es plena, que algo verdaderamente vital les hace falta, y acumularán sufrimiento y a veces resentimiento inconsciente. Es algo que sucede mucho también entre padres e hijos.
El amor es el reconocimiento de la unicidad en el mundo de la dualidad. El amor hace que el mundo sea menos mundano, menos denso, más transparente a la dimensión divina, la luz de la conciencia misma.

En un mundo lleno de personajes que representan un drama, las pocas personas que no proyectan una imagen fabricada por la mente, sino que funcionan desde la esencia profunda de su Ser, que no aparentan ser más de lo que son sino que son ellas mismas, se destacan como personas notables y son las únicas que logran dejar una verdadera huella en este mundo. Son las portadoras de la nueva consciencia. Imprimen gran poder a todo lo que hacen porque están en armonía con el propósito del todo. Sin embargo, su influencia va mucho más allá de lo que hacen, mucho más allá de su función. Su simple presencia sencilla, natural, discreta, ejerce un efecto de transformación sobre todas las personas con quienes entran en contacto.

Cuando no representamos papeles, no hay ego en lo que hacemos. El resultado es que nuestros actos ejercen un poder mucho mayor. Nos concentramos totalmente en la situación; somos uno con ella. No tratamos de ser alguien en particular. Cuando somos totalmente nosotros mismos, nuestros actos son más poderosos y eficaces.
El consejo “sé tú mismo” es bueno pero puede ser engañoso. No debemos esforzarnos por ser nosotros mismos. Tan pronto como nos esforzamos por ser esto o aquello, asumimos un personaje. 
La pregunta "¿Cómo puedo ser yo mismo?" implica que debemos hacer algo para ser nosotros mismos. Pero en realidad no debemos hacer nada, pues ya somos nosotros mismos. Debemos dejar de añadir carga a lo que ya somos.
Cuando decimos “no sé quién soy” es cuando vamos en dirección correcta. Cuando logramos sentirnos totalmente a gusto con el hecho de no saber quiénes somos, entonces lo que queda es lo que ya somos: el Ser más allá de la forma humana. Somos el Ser, el cual, no tiene atributos, no es conceptual, no es algo ni alguien y no puede ser descrito, es tan solo lo que Es.
Decida renunciar a definirse, ante usted mismo y ante los demás. Cuando se define, se limita a usted mismo. 
Cuando se relacione con la gente, no asuma un papel o un personaje; sea solamente un campo de Presencia consciente.

¿Por qué el ego representa personajes? Por un pensamiento inconsciente “no soy suficiente”. “debo representar un papel a fin de obtener lo que necesito para sentirme completo”, “debo conseguir más a fin de poder ser más.”
En la forma siempre hay seres inferiores y superiores a alguien. En esencia, no somos ni inferiores ni superiores a nadie. El verdadero amor propio y la verdadera humildad son producto de este reconocimiento. A los ojos del ego, el amor propio y la humildad son contradictorios, pero en verdad son la misma cosa.

El ego es patológico. Esta palabra deriva del griego antiguo, viene de “pathos” que significa sufrimiento.
La persona que está aprisionada por el ego no reconoce el sufrimiento como tal. En su ceguera, el ego es incapaz de ver el sufrimiento que se inflige a sí mismo y que inflige a otros. La infelicidad es una enfermedad mental y emocional creada por el ego, la cual ha alcanzado proporciones epidémicas.
Los estados negativos como la ira, la ansiedad, el odio, el resentimiento, el descontento, la envidia, los celos y demás, no se ven como negativos sino que se consideran totalmente justificados y además no se perciben como nacidos de nosotros mismos sino que alguien más nos los ha causado; "Te hago responsable de mi sufrimiento". El ego siempre culpa a los demás de sus estados negativos.

Cuando decimos "Qué día más espantoso", no nos damos cuenta de que lo espantoso no está en el frío, ni en el viento, ni en la lluvia, ni en cualquiera que sea la situación. Ellos son lo que son. Lo espantoso es nuestra reacción, nuestra resistencia interior y la emoción creada por esa resistencia. La resistencia siempre es falta de aceptación.
Cuando vivimos en un estado negativo, hay algo en nosotros que ansía la negatividad, que siente placer en ella. De otra manera, ¿quién querría aferrarse a la negatividad, hacer desgraciados a los demás junto consigo mismo?
Cada vez que hay negatividad en nosotros y logramos detectar en ese momento que hay algo que goza con esa negatividad, tomamos consciencia del ego directamente. Cuando sucede esto, la identidad pasa del ego a la consciencia y esto significa que el ego se empequeñece mientras que la consciencia se agranda.
Si en medio de la negatividad podemos reconocer que estamos creando sufrimiento para nosotros mismos, será suficiente para elevarnos por encima del ego y de las reacciones condicionadas. 

Si el drama del ego tiene algún propósito, éste es indirecto: crear cada vez más sufrimiento en el planeta, el cual finalmente destruye el ego, pese a ser creado por él. Es el fuego en el cual se consume a sí mismo el ego.

El ego crea separación y la separación crea sufrimiento. Aparte de las formas de negatividad como la ira, el odio y demás, hay otras más sutiles, las cuales son tan comunes que por lo general no se las reconoce por lo que son. Entre ellas están la impaciencia, la irritación, el nerviosismo, el hastío, etc. Estas formas de negatividad son la infelicidad latente, el estado interior en el cual suelen permanecer muchas personas. Es necesario estar supremamente conscientes y absolutamente presentes para poder detectarlas. Siempre que las detectamos tenemos un momento de despertar y se suspende la identificación con la mente.
Otro estado que pasa desapercibido es la sensación de descontento (es un resentimiento latente). Muchas personas pasan gran parte de sus vidas en este estado. Se identifican hasta tal punto con él que no pueden tomar distancia para reconocerlo.
Los siguientes son algunos de los pensamientos inconscientes más comunes de los cuales se alimenta la sensación de descontento o de resentimiento latente.
"Algo debe suceder en mi vida para que yo pueda alcanzar la paz. Y resiento que no haya sucedido todavía. Quizás con mi resentimiento logre que suceda finalmente".
"Algo sucedió en el pasado que no debió suceder y lo resiento. Si eso no hubiera sucedido, ahora tendría paz".
"Me está sucediendo algo que no debería sucederme y me está impidiendo tener paz".

Estas citas anteriores son historias creadas por el ego para convencernos de que no podemos estar en paz en el presente y tampoco ser nosotros mismos. Estar en paz y ser quienes somos es lo mismo.
El ego dice: quizás en un futuro podré tener paz si logro aquello que quiero.
En general, todo el mundo cuenta la misma historia, "¿por qué no puedo tener paz ahora?". El ego no sabe que la única manera para estar en paz es ahora. Aún así, la paz representa la aniquilación del ego.
¿Cómo podemos alcanzar la paz?  La paz está en el momento presente. El momento presente es el campo en el cual transcurre el juego de la vida; no puede jugarse en ningún otro lugar.

Al ego le encanta estar resentido con el momento presente. Cualquier cosa que es.
Esta oposición o resistencia crea la negatividad de la cual se alimenta el ego, la infelicidad que tanto le gusta. De esta manera sufrimos y hacemos sufrir a los demás sin darnos cuenta de que estamos creando el infierno en la tierra. Crear sufrimiento sin reconocerlo es la esencia de la vida inconsciente y es estar completamente bajo el control del ego.
La incapacidad del ego para reconocerse y ver lo que hace es verdaderamente increíble y aterradora. El ego hace exactamente aquello que condena en los demás y ni siquiera se da cuenta. Cuando alguien se lo señala, recurre a la negación, la ira, los argumentos y las justificaciones que distorsionan los hechos.

Para poner fin a la desgracia que se ha cernido sobre la condición humana durante miles de años, debemos comenzar con nosotros mismos y asumir la responsabilidad por nuestro estado interior en todo momento. 
Pregúntese si hay negatividad en su interior en este mismo momento. Entonces preste atención a sus pensamientos y a sus emociones. Esté alerta a esa infelicidad latente en cualquiera de sus formas: descontento, nerviosismo, hastío, etc. Tan pronto como tome consciencia de un estado negativo en su interior significa que ha tenido éxito. Pues mientras no hay consciencia de la negatividad, prevalece la identificación con estos estados interiores negativos, y esta identificación es el ego.
Cuando hay consciencia se suspende la identificación con los pensamientos, las emociones y las reacciones. Entonces cambia nuestro sentido de lo que somos: antes éramos pensamientos, emociones y reacciones, y ahora somos consciencia; la Presencia consciente que observa esos estados.
Liberarse del ego realmente no representa un gran esfuerzo. Lo único que se necesita es tomar consciencia de los pensamientos y las emociones en el mismo momento en que suceden. No se trata de "hacer", sino de "ver". Es un darse cuenta.
Cuando se produce el cambio de pasar de pensar a observar, entra a operar en nuestras vidas una inteligencia muy superior al ego. Las emociones y los pensamientos se despersonalizan. Dejan de estar cargados del "yo". Son solamente emociones y pensamientos. Pasamos a ser la luz de la Presencia, la Conciencia profunda que antecede a los pensamientos y las emociones.

El ego necesita de los demás, pero en el fondo odia y teme a los demás.
Mientras más fuerte es el ego, mayor es la probabilidad de que la persona piense que la fuente principal de sus problemas son los demás.
También es más probable que les dificulte la vida a los demás. Pero, la persona no podrá reconocer lo que sucede. Solamente percibe que son los demás los que actúan en su contra.

Mientras mayor es la inconsciencia de las personas, los grupos o las naciones, mayor es la probabilidad de que la patología del ego asuma la forma de violencia física. La violencia es un mecanismo primitivo pero todavía prevaleciente mediante el cual el ego trata de imponerse, demostrar que tiene la razón y que otros están equivocados.
Con las personas muy inconscientes, las discusiones pueden terminar fácilmente en violencia física.
¿Qué es una discusión? Es cuando dos o más personas expresan opiniones divergentes. Cada persona está tan identificada con los pensamientos de su opinión que dichos pensamientos se endurecen para formar posiciones mentales dotadas de un sentido de "yo". La identidad y el pensamiento se fusionan. Cuando esto sucede, cuando defendemos nuestras opiniones, sentimos y actuamos como si estuviéramos defendiendo nuestra propia persona. Sentimos y actuamos inconscientemente como si lucháramos por nuestra supervivencia. Comienza a construirse dentro de nosotros una emoción de ira, defensividad o agresividad, y sentimos la necesidad de vencer a toda costa para no ser aniquilados. Esta es la demencia. El ego no sabe que la mente y las posiciones mentales no tienen nada que ver con lo que somos, porque el ego es la mente no observada.
El Zen dice: "No busques la verdad. Sencillamente abandona tus opiniones". 
¿Qué significa esta frase? Dejar de identificarnos con la mente. Lo que somos aflora espontáneamente cuando esto sucede.

La mayoría de las personas experimentamos momentos de ausencia de ego. Quienes sobresalen verdaderamente en lo que hacen pueden trabajar casi completamente liberados del ego. Quizás no lo sepan, pero el trabajo se convierte para ellos en una práctica espiritual. La mayoría de ellos están presentes mientras realizan su trabajo y vuelven a un estado de inconsciencia relativa en su vida privada. Esto significa que su Presencia se limita transitoriamente a un aspecto de sus vidas.
He conocido maestros, artistas, enfermeros, médicos, científicos, trabajadores sociales, meseros, dueños de empresa y vendedores que realizan su trabajo admirablemente sin buscar retribuciones egoístas y respondiendo plenamente a cualquier cosa que el momento les exija. Son uno con lo que hacen, uno con el Ahora, uno con las personas a quienes sirven o con las actividades que realizan.
La influencia que estas personas ejercen sobre los demás va mucho más allá de su función: hacen que se empequeñezca el ego de todas las personas que entran en contacto con ella. Hasta quienes poseen egos pesados a veces aflojan, bajan la guardia y dejan de representar sus personajes cuando se relacionan con estas personas. 
Quienes abandonan su ego mientras trabajan tienen un éxito extraordinario en lo que hacen. Todas las personas que trabajan en la unicidad contribuyen a construir la nueva tierra.

En algunos casos, el ego personal parece disolverse por completo cuando la persona dedica toda su vida a trabajar desinteresadamente por el bien colectivo sin exigir retribuciones, reconocimiento o engrandecimiento personal. Qué alivio deshacerse de la horrible carga del yo personal. Los miembros de la colectividad se sienten felices y plenos, por arduo que sea su trabajo o por grandes que sean sus sacrificios. Al parecer, logran trascender el ego.
Por otro lado, hay muchas personas que son técnicamente buenas en lo que hacen pero cuyo ego interfiere permanentemente en su trabajo. Solamente ponen una parte de su atención en lo que hacen, mientras que la otra parte está fija en sí mismas. Su ego les exige reconocimiento personal y desperdician energía en resentimientos cuando no reciben suficiente. Y nunca nada les basta.
Muchas tienen su atención puesta en el dinero o el poder y su trabajo no es más que un medio para esa finalidad. El trabajo que se convierte únicamente en un medio para alcanzar una finalidad no puede ser de alta calidad.

Muchas personas, sin saberlo, sabotean su propio trabajo cuando retienen información o ayuda, o tratan de obstaculizar a las demás personas para impedir que tengan más éxito o reciban más crédito que "yo".
El ego no sabe que mientras más incluye a los demás, mejor fluyen las cosas y más fácilmente recibe todo lo que anhela.
Cuando damos poca o ninguna ayuda a los demás o levantamos obstáculos en su camino, el universo, a través de otras personas y de las circunstancias, nos priva de ayuda al habernos desconectado del todo.

Una enfermedad puede o bien fortalecer el ego o debilitarlo. Si nos lamentamos, nos sentimos víctimas o resentimos la enfermedad, el ego se fortalece. También se fortalece cuando convertimos la enfermedad en parte de nuestra identidad. "Soy víctima de cierta enfermedad". Así, los demás saben quién soy.
Hay algunas personas que tienen un ego grande en la vida normal pero que al enfermar se tornan dóciles, amables y mucho más agradables. Pueden comprender cosas que quizás nunca vieron en su vida normal. Pueden lograr acceso a su conocimiento interior y a su estado de contento y hablar con sabiduría. Después, cuando mejoran, recuperan su energía y con ella, su ego.
Cuando enfermamos, nuestro nivel de energía se reduce considerablemente y la inteligencia del organismo asume el control y utiliza la poca energía disponible para sanar el cuerpo, de tal manera que no queda mucha energía para la mente. Es decir, para los pensamientos y las emociones del ego. El ego consume grandes cantidades de energía. 
Las personas cuyo ego se fortalece durante la enfermedad tardan mucho más tiempo en recuperarse. Algunas nunca lo hacen, de tal manera que la enfermedad se vuelve crónica y se convierte en parte permanente de su falso sentido de identidad.

Otra manera que busca el ego para escapar de su insatisfacción es agrandando y fortaleciendo su sentido del “yo” mediante la identificación con un grupo: una nación, un partido político, una empresa, una institución, una secta, un club, una pandilla, un equipo de fútbol, etc.
El ego colectivo manifiesta las mismas características del ego personal, como la necesidad de tener conflictos y enemigos, la necesidad de tener más, la necesidad de tener la razón para que otros estén equivocados y así sucesivamente.
Tarde o temprano la colectividad entra en conflicto con otras colectividades, porque necesita la oposición para definir su identidad. Sus miembros experimentarán entonces el sufrimiento que se desprende inevitablemente como consecuencia de toda acción motivada por el ego.

A medida que vaya aflorando la nueva consciencia algunas personas sentirán la necesidad de formar grupos y comunidades para reflejar la consciencia iluminada. Estos grupos no serán egos colectivos porque sus integrantes no sentirán la necesidad de definir su identidad a través de ellos. Ya no buscarán la forma para definir lo que son. Aunque los integrantes de estos grupos no se hayan liberado completamente del ego, habrá suficiente consciencia en ellos para reconocer el ego en sí mismos y en los demás, tan pronto como éste trate de aflorar. Sin embargo, es preciso mantener un estado de alerta porque el ego intentará asumir el control y volver a tomar el trono. 
Uno de los principales propósitos de estos grupos, trátese de comunidades y organizaciones iluminadas, organizaciones de caridad, escuelas, etc., será disolver el ego humano exponiéndolo a la luz de la consciencia. 
Las colectividades iluminadas desempeñarán una función importante en el surgimiento de la nueva consciencia. Así como las colectividades egotistas nos empujan hacia la inconsciencia y el sufrimiento, la colectividad iluminada podrá ser un manantial de consciencia destinado a acelerar el cambio planetario.

El ego nace a través de la brecha que hay en la mente humana en la cual la identidad se separa en dos partes a las cuales podríamos llamar "yo" y "mí mismo". Por consiguiente, todos los egos tienen doble personalidad. Vivimos con una imagen mental de nosotros mismos; un ser conceptual con el cual tenemos una relación. La vida misma acaba siendo un concepto separado de nuestra verdadera esencia en el instante mismo en que hablamos de ella como "mi vida". Tan pronto como decimos o pensamos en términos de "mi vida" y creemos en lo que decimos, habremos entrado en el ámbito de lo ilusorio.
Cuando decimos "mi vida", inmediatamente se desprende que lo que realmente soy y mi vida somos dos cosas distintas; de tal manera que también puedo perder mi vida, mi tesoro imaginario más preciado. La muerte se convierte en una realidad aparente y en una amenaza. Las palabras y los conceptos dividen la vida en segmentos separados carentes de realidad en sí mismos.
Si yo y la vida somos dos, si estoy separado de la vida, entonces estoy separado de todas las cosas, de todos los seres, de todas las personas. ¿Pero cómo podría estar separado de la vida? Lo que ya soy es la vida misma expresándose. 
Entonces, ¿cómo podría perder mi vida? ¿Cómo podría perder algo que no poseo? ¿Cómo podría perder algo que ya Soy? No puede ser, es imposible; lo que ya soy no puede perderse a sí mismo.



Eckhart Tolle 
"Una Nueva Tierra"

09 mayo 2018

LA GRAN ENSEÑANZA



Cada vez que tienes un problema estás enojado. Y cada vez que estás enojado tienes un problema.
¿De dónde surge este problema?
Surge de que las cosas no han ido como yo quiero. Surge de que no tengo lo que deseo. Surge del deseo a que esto sea como yo quiero que sea, y si no es como yo quiero que sea, entonces me enojo y sufro.

Todos los problemas surgen de la misma causa: "el deseo", "el yo quiero". Y para erradicar los problemas, debemos eliminar el deseo.
El deseo es una falta de aceptación de lo que es. “Yo quiero que esto sea de esta forma”. No aceptamos lo que es, estamos en contra de lo que es; hay negación, oposición, resistencia y por tanto, sufrimiento.
El deseo siempre conlleva al sufrimiento. Los problemas surgen del deseo, pues cuando no deseo que esto sea como yo quiero que sea, entonces no hay problemas, la vida fluye tal y como es y no hay resistencia, hay plena aceptación.

Todos queremos ser felices, nadie quiere tener problemas. Pero para eliminar los problemas, debemos eliminar el “yo quiero”, “yo deseo”.
¿Cómo eliminar el deseo?
El camino más rápido para eliminar el deseo es el siguiente:
Cuando yo quiero que las cosas vayan como yo quiero y no es así, entonces me enojo, hay un problema. Pregúntate a ti mismo: ¿Quién es el que está enojado? La respuesta es “yo”.
¿Quién es el que desea que eso sea como yo quiero que sea? La respuesta es “yo”.
¿Quién es el que tiene un problema? La respuesta es “yo”.
Todas las respuestas es “yo”. Toda la causa siempre es el "yo"; "yo estoy enojado", "yo quiero que las cosas sean como quiero que sean", "yo tengo un problema".
Por tanto, para erradicar el deseo y con él los problemas, debemos eliminar su causa, el “yo”.

¿Cómo eliminar el “yo”?
La mente es movimiento, es contenido. La naturaleza de la mente siempre es ir hacia fuera, hacia el mundo manifestado, para experimentar los objetos de percepción e identificarse con ellos. Cuando la mente se identifica con los objetos, surge un sentido de identidad, es decir, se personalizan los objetos; surge un sentido de “yo” que se apropia de los objetos y los hace propios y personales.
Este sentido de “yo” es la causa del sufrimiento. Es la raíz del deseo y de todos los problemas.
Buda, en las 4 Nobles Verdades, explica que la causa del sufrimiento es el deseo y el aferramiento propio y que éste debe erradicarse para lograr la liberación del sufrimiento.
Para erradicar el deseo debemos eliminar su causa: el “yo”. Y para poder eliminar el “yo”, debemos llevarlo a su fuente.

¿Cómo llevamos el “yo” a su fuente?
La naturaleza de la mente es ir hacia a fuera, hacia el mundo y los objetos de percepción. Mientras haya mente, habrá identificación y por tanto, habrá “yo”. Así que debemos llevar a la mente hacia adentro, hacia su fuente.
Para llevar a la mente y al “yo” hacia su fuente nos preguntamos: ¿Quién es este "yo"?
¿Quién soy “yo”? ¿Qué es lo que realmente soy?
Esto se llama auto-indagación.
Cuando empezamos a indagar y a preguntarnos quién es este "yo", la mente, la atención va hacia dentro, hacia el interior. La mente busca el sujeto “yo”. Pasa de ir desde el exterior, desde los objetos de percepción, a ir al interior. En el interior no hay objetos de percepción ni conceptos, el interior es quietud, es silencio, vacío, es paz. Es la quietud de ser.
Por tanto, la mente, cuando va hacia el interior a buscar una respuesta, no la encuentra porque no hay nada conceptual. Y al no haber nada, la mente no puede sostenerse y acaba disolviéndose.
Esto se llama "reposar en el corazón"; la mente no encuentra nada conceptual a lo que identificarse y, por tanto, descansa en la quietud, en la nada, en la ausencia de contenido y movimiento, en el vacío. La mente reposa en el Ser que Soy. Reposa en “Yo soy”.

En estos breves instantes en los que la mente descansa en el corazón, lo que queda es paz, silencio, quietud, vacío. No hay objetos de percepción, hay una ausencia de movimiento y contenido. Y esta ausencia es nuestra verdadera naturaleza; La Realidad Absoluta.

Descansar en esta paz y esta quietud es lo único que hay que hacer para erradicar el “yo” y con él, el deseo, los problemas y el sufrimiento.
Cuando la mente descansa en el corazón, lo que queda es el Ser puro. No hay “yo”, no hay ego, no hay nadie, se ha trascendido la persona. Esto es la liberación.
¿Liberación de qué? De la creencia de que soy alguien.

Pero la mente no tardará en volver a salir al exterior y llevar la atención hacia afuera, hacia el mundo y los objetos de percepción para identificarse nuevamente con ellos.
Cada vez que la mente vaya hacia afuera y surja el sentido de “yo” y con él el deseo, el enojo y el sufrimiento, lleva la mente hacia su fuente y descansa en la paz y la quietud que Es.
Cada vez que la atención salga hacia fuera y se identifique con el contenido, pregúntate: ¿Quién es este “yo”? y no respondas. Simplemente quédate en silencio.
Son unos breves instantes de tiempo en los cuales hay una total ausencia de movimiento y contenido, solo hay quietud. Sé consciente de este breve espacio de silencio y reposa en esta quietud.
Cada vez que vayas practicando así, estos espacios de silencio serán más largos. Pon tu atención totalmente en esta quietud y no hagas nada, simplemente descansa en el silencio.
En este silencio habrá un reconocimiento de lo que Verdaderamente Eres. Y después de este reconocimiento habrá una transformación interior en ti. Pero esto no puede ser un aprendizaje intelectual, debes experimentarlo. Solo en el silencio ocurre este reconocimiento de tu verdadero Ser. Solo el silencio te despierta de este sueño ilusorio.



Camino al Despertar