31 marzo 2018

HAY UNA VENDA



Hay una venda...
una venda que ciega los ojos...
esta venda es la energía de la ignorancia...
y esta venda surge de la misma Conciencia.

Hay una energía que nos mantiene sumidos en la creencia de que somos alguien... 
que somos una persona y que podemos elegir lo que queremos vivir...
y esta energía proviene de la misma Conciencia.

La Conciencia Una está jugando al juego de ser alguien...
y para ello crea una regla fundamental; olvidarse de Sí misma y sumergirse totalmente en la experiencia… 
identificándose con lo manifestado y perdiéndose en la ilusión de su sueño soñado.

Esta identificación con el mundo manifestado crea un velo que ciega los ojos...
es como capas y más capas de finas telas, todas enrolladas en sí mismas…
impidiendo así tener la clara visión de la realidad.

Es la misma Conciencia jugando y experimentando en su mundo imaginario, creyendo que todo es real… 
olvidándose a Sí misma por estar interpretando una obra teatral…
y generando la energía de la ignorancia, pues forma parte de su regla fundamental.

Drama y sufrimiento, alegría y tristeza, enojo y melancolía, deseo y esperanza, ira y calamidad, miedo y soledad...
son todas verdaderas y surgen de la mente al identificarse con el mundo. 

Pero en este juego misterioso, parece haber dos entidades; 
una es el Uno Supremo y Absoluto, y otro es el "yo" jugador.
El Absoluto Supremo es el Ser Absoluto a partir del cual surge toda la manifestación.
El "yo" jugador es el personaje que está metido dentro del juego y que sufre por cada experiencia.

Una de estas dos entidades es real, la otra es ficticia…
El Absoluto Supremo es la Realidad, la Verdad última… 
pues es Eso que siempre está Presente, que no cambia, no tiene nombre ni forma... 
Es Eso que está más allá del tiempo y del movimiento... 
es Eso que sostiene absolutamente toda la manifestación.

En cambio, el "yo" jugador-hacedor, es la energía de la ignorancia... 
es tan solo una creencia de que este mundo es real... 
Es la venda que ciega los ojos e impide ver la Realidad. 
Este "yo" jugador-hacedor es la mente que sale hacia fuera para identificarse con las formas manifestadas, danzar en cada una de ellas, y sufrir las consecuencias de su ceguera.

Y de repente, llega un día, en pleno Silencio, la venda es totalmente retirada de los ojos... 
y justo en ese momento, wow!! Todo desaparece... 
nada queda, solo vacío, ausencia de contenido... 
no hay movimiento, no hay formas ni hay mundo... 
no hay ningún jugador-hacedor… 
todo el juego se esfuma por completo, dejando tras de sí un vacío eterno e infinito...

Pero Algo ahí es consciente de ese vacío... 
la Presencia Una... la Totalidad misma que es Todo y a la vez, Nada...
Algo totalmente elevado es visto y revelado… 
pues la venda ha caído y los ojos la Realidad han visto.

Un reconocimiento hay ahí y una comprensión profunda de la Verdad y de este mundo.
Pero en pocos instantes vuelve a aparecer la venda que ciega el ver... 
resurge la energía de la ignorancia, de la identificación con lo manifestado... 
resurge el "yo" jugador-hacedor... 
Es la mente y el movimiento, buscando experiencias y contenido.
Presta atención y observa detenidamente cuando la mente sale al exterior para experimentar en el mundo... 
No te dejes llevar y volver a cegar por la energía de la ignorancia... 
Ahora ya sabes qué es lo que Eres... 
pero esta venda que ciega es tan poderosa que puede volver a hacer que te distraigas de nuevo y te pierdas en el imaginario mundo; en este sueño.




Camino al Despertar

01 marzo 2018

DOS MONJES Y UNA MUJER



Dos monjes, un anciano y el otro más joven regresaban al templo caminando junto al río. De pronto observaron en la orilla a una mujer joven y hermosa que lloraba desconsoladamente. 

"¿Qué te sucede?" - le preguntaron.
La mujer respondió: "Mi madre que vive al otro lado del río está muriendo y no podré estar con ella porque me resulta imposible cruzarlo sola".
El monje joven se lamentó: "Nuestros votos nos prohíben tener contacto con personas de otro sexo de modo que no podremos ayudarte, lo siento".
- "Yo también lo siento pero sigan tranquilos su camino"- dijo la mujer y prorrumpió nuevamente en un angustioso llanto.

El anciano permaneció callado unos instantes, luego le dijo: "Ven mujer, súbete a mis espaldas, te cruzaré hasta la otra orilla".

Así que el monje la subió sobre sus hombros y la llevó hasta la otra orilla. El otro monje estaba furioso. No dijo nada pero hervía por dentro. Eso estaba prohibido. Un monje budista no debía tocar una mujer y este monje no sólo la había tocado, sino que la había llevado sobre los hombros.

Recorrieron varias leguas. Cuando llegaron al monasterio, mientras entraban, el monje que estaba enojado se volvió hacia el otro y le dijo:

-Tendré que decírselo al maestro. Tendré que informar acerca de esto. Está prohibido.

-¿De que estás hablando? ¿Qué está prohibido? -le dijo el otro.

-¿Te has olvidado? Llevaste a esta hermosa mujer sobre tus hombros -dijo el que estaba enojado.

El otro monje se rió y luego dijo:

-Sí, yo la llevé. Pero la dejé en el río, muchas leguas atrás. Tú todavía la estás cargando.

Esta enseñanza nos muestra que no debemos cargar con el peso del pasado. Debemos permanecer en el aquí y ahora, en el momento presente. Cuando permanecemos en el presente, lo que hay es paz.



Sabiduría Zen