19 enero 2018

LA PRÁCTICA DEL ZAZEN



¿Qué es el zazen?

La práctica más conocida de todas en el Zen es el zazen.
zazen significa sentarse a meditar.
La meditación es una práctica oriental anterior al budismo. Aparece en casi todas las religiones orientales. Muchos monjes lo veían como una forma de traspasar los límites del cuerpo y acceder a un estado superior de conciencia. Por ello, además de privarse de la ingesta de alimentos, también podían llegar a estar durante horas en posiciones realmente incómodas. La finalidad era dejar de prestarle atención al cuerpo y poder librarse de sus constreñimientos.
Sin embargo, Buda rompió los votos de asceta al tomar unas gotas de leche justo antes de obtener la iluminación. Y siguiendo su estela, el budismo abandonó el camino del sacrificio y la mortificación.
La meditación no debía de ser un castigo para el cuerpo, sino una forma de encontrar verdades supremas.
Es imprescindible la concentración, pero ésta no debe suponer una mortificación.

El Zen toma su nombre de la meditación zazen, que es el camino hacia la iluminación. Así que Zen y meditación van unidos.
La práctica de la meditación es todo lo que es el zazen, sentarse a meditar. La meditación Zen procura una paz de espíritu increíble. En un principio puede parecer que dejar la mente en blanco es una pérdida de tiempo, pero es todo lo contrario, pues al relajarla es cuando verdaderamente se pueden ver las cosas claras. Cuando empezamos a ser conscientes de los espacios de silencio entre pensamiento y pensamiento, es justo en esos espacios de silencio que vemos la realidad tal y como es, sin ningún tipo de interpretación mental. Entonces, tenemos una visión clara de la realidad.
Con esa energía se consiguen muchos logros; desde tomar las decisiones correctas hasta lograr la iluminación. Todo el proceso conlleva una gran tranquilidad y el cese de tensiones internas.

Se recomienda meditar al menos una vez al día. Podemos dedicarle diez o quince minutos, hasta media hora o una hora.
Las mejorías se empiezan a experimentar cuando se lleva ya cierto tiempo practicando la meditación.


¿Cuáles son los principales pasos a seguir para practicar el zazen?

1. EL LUGAR
Al ser la meditación una práctica continuada, es importante tener un espacio dedicado exclusivamente a ello. Un entorno que genere paz, que no esté contaminado con el resto de actividades que se llevan a cabo.
Una habitación silenciosa es indispensable, pues el ruido puede desconcentrarnos.
Las horas más indicadas son a primera hora de la mañana o antes de dormir. Pero se puede meditar a cualquier hora del día, dependiendo de cada persona.
La meditación a primera hora de la mañana nos aporta paz durante todo el día y la meditación por la noche nos relaja y ayuda a tener un buen y reparador descanso.
La luz también es un factor importante. Se trata de encontrar el equilibrio, ni mucha luz, ni poca luz.
La temperatura ambiental es otro aspecto a tener en cuenta. La habitación en la que practiquemos zazen debe tener una temperatura media, ni frío ni calor.
Estas sensaciones pueden provocar que uno se despiste y haga más caso a su cuerpo que a su espíritu.
Tampoco debe haber aparatos eléctricos de ningún tipo.
La habitación debe estar limpia y sin polvo, pues la respiración zazen es mucho más profunda que la normal y nos puede llevar a aspirar ácaros.
Los maestros zazen recomiendan poner un pequeño altar con una figura de Buda, un Bodhisattva o un Santo. Esta imagen sirve para apartar a los espíritus que intentan despistarnos para que no alcancemos la concentración necesaria.
En el altar se pueden poner flores, como ofrenda, quemar incienso, su fragancia ayuda a la concentración, encender velas, pues nos crean una atmósfera de serenidad, respeto y trascendencia.


2. EL INICIO DE LA MEDITACIÓN
Para empezar, debemos entrar en silencio.
Es preferible estar descalzado, de esta forma tendremos más contacto con la superficie.
Es recomendable usar ropa muy cómoda.
Tener el “zafu” (el cojín redondo) o el “zabutón” (una almohada plana o estera).
El zafu es considerado el asiento del Buda (antes de alcanzar la iluminación, fabricó un cojín con hojas secas), debe ser tratado con respeto (no lanzarlo por los aires, ni dar patadas).
Cuando llegamos a la sala, debemos mostrar honra al zafu; juntando las palmas de las manos, por encima del pecho y realizando el gesto de veneración. Tendremos que bordear el zafu por la izquierda y nos colocaremos en posición de sentarnos sobre él.
El zafu está especialmente diseñado para que consigamos la postura perfecta en la meditación, ya que ayuda a bascular la pelvis y permite apoyar las rodillas en el suelo.


3. LA POSTURA
La postura nace en el budismo de la India, que luego pasa a China y luego a Japón. Es una postura muy importante porque lleva dentro cuerpo y mente en unidad. Una unidad entre la persona y el orden del universo. Esta postura permite a uno conocerse a sí mismo, volver a su verdadera naturaleza divina. Y es lo que enseñó el Buda a través del zazen.
Esta postura, a través del Buda, se ha ido transmitiendo de maestro a discípulo. Transmitieron la misma enseñanza del Buda, sin palabras, en silencio. ¿Por qué en silencio? Porque las palabras engañan, interpretan, condicionan la mente. La semilla sagrada está más allá de las palabras. Es el silencio en el interior de nosotros. Zazen es la transmisión de la enseñanza del Buda más allá de las palabras.

La postura de zazen es la más sólida y la más estable como para poder estar concentrados en la práctica y poder mantenerse uno quieto y despierto, alerta, sin dormirse.  

Debemos sentarnos justo en el centro del zafu. Cruzamos las piernas haciendo la postura del loto o del medio loto. Si esta postura no es posible, se cruzan las piernas simplemente sin colocar el pie en el muslo opuesto. Aun así, es esencial que las rodillas empujen el suelo. Lo más importante es que las rodillas se apoyen en el suelo y que las nalgas estén bien asentadas en el zafu.
Una vez hemos tomado esta posición, debemos estirar al máximo la columna vertebral. Debe estar bien erguida, bien derecha. Alargar la nuca, bien estirada y el mentón entrado. La nariz en la misma línea vertical que el ombligo. Se empuja la tierra con las rodillas y el cielo con la cabeza.

Una vez que estemos seguros de haber tomado asiento de forma adecuada, deberemos unir las palmas a la altura del plexo solar e inclinarnos un poco hacia delante, como haciendo una pequeña reverencia. Esto en el Zen se llama Gasshö, que significa, “una sola mente”. Cuando juntemos las palmas deberemos inspirar por la nariz y al inclinarnos espiraremos lentamente el aire por la boca.
Al inspirar de nuevo, volveremos a la posición vertical. Entonces, llega el momento de colocar las manos. Ponemos la palma de la mano izquierda sobre la palma de la mano derecha. Las palmas mirando hacia arriba. Los dedos pulgares deben tocarse suavemente, formando una línea recta, horizontal. Éste es el mudra del vacío.
Si estamos adoptando la postura adecuada, las manos quedarán apoyadas en los talones de los pies.
La posición de las manos es muy importante. En muchas ocasiones notaremos que cuesta aguantarla, pues el tono muscular es insuficiente. Sin embargo, este problema se superará fácil y rápidamente con un poco de práctica.
A continuación, los cantos de las manos en contacto con el abdomen. Los hombros deben estar relajados. La punta de la lengua debe tocar el paladar. La vista está puesta aproximadamente a un metro de distancia en el suelo, sin mirar nada en particular.

Al principio, puede parecernos que esta postura es un poco forzada, pero no es así, es la mejor forma de sentarnos, pues notaremos los beneficios de esta postura.
Es muy importante, sobretodo al principio, de tomarse el tiempo necesario para adoptar la postura correcta, no nos tenemos que impacientar. Se trata de ir probando, de ir tomando consciencia de nuestro cuerpo para luego poder olvidarnos de él.
Esta postura permite una unión entre el cuerpo, la mente y la conciencia. Permite que los tres estén en equilibrio y lograr así la unión con la totalidad.


4. LA RESPIRACIÓN
Antes de empezar la meditación, antes de quedarnos inmóviles, deberemos vaciar los pulmones del aire viciado. Para ello inspiraremos fuertemente por la nariz y espiraremos por la boca, hasta notar que ya no nos queda oxígeno. Repetiremos esto tres veces.
Después nos quedaremos inmóviles y empezaremos con la respiración zen. Estamos preparados para meditar. Ahora viene el trabajo más introspectivo e importante del zazen.

La respiración zen no se puede comparar con ninguna otra, es muy antigua, en sánscrito se llama “anapanasati”, y solamente puede surgir de una postura correcta.
Antes de todo se trata de establecer un ritmo lento, fuerte y natural, basado en una espiración suave, larga y profunda. El aire se expulsa lentamente y silenciosamente por la nariz, mientras que la presión debido a la espiración, baja con fuerza al vientre. Al final de la espiración, la inspiración se hace naturalmente.
Los maestros comparan el aliento zen con el mugir de las vacas o con la espiración de un bebé recién nacido que grita.

El ritmo respiratorio es básico en el Zen y es el punto que más dudas provoca.
Cuando nos ponemos a pensar en la forma en la que debemos respirar, no sabemos cómo hacerlo. Es como si este acto involuntario se convirtiera en un enigma insondable.
Lo mejor es empezar inspirando por la nariz y espirando por la boca. Después, pasaremos a una respiración completamente nasal, en la que tendrá especial importancia la espiración, que deberá ser lenta y profunda.
De todos modos, si seguimos teniendo problemas para controlar nuestra respiración, lo mejor será primero pararse a observarla. Antes de forzarnos a respirar de un modo concreto deberíamos saber cómo lo hacemos. Ésta es la única forma de llegar a tener una respiración correcta dentro de la meditación Zen.

Existen tres tipos de respiración:

1. PULMONAR: Es la menos profunda de todas, pues actúa a un nivel muy superficial. La inspiración es mucho más importante que la espiración.
Se emplean la caja torácica  y los músculos pectorales.
Normalmente es propia de personas nerviosas. Aporta muy poca tranquilidad y en momentos de crispación puede acelerarse aún mucho más.

2. DIAFRAGMÁTICA: En este caso es como si el aire llegara más adentro y también se expandiera por los lados. Resulta más profunda por la presión que ejercen los músculos sobre la caja torácica, vaciándola un poquito más que con la pulmonar.
Esta respiración supone también cierta relajación de los músculos dorsales.

3. ABDOMINAL: Esta es la respiración más profunda y más saludable para nuestro cuerpo. Provoca una especie de oleaje, que hace que la presión sobre la caja torácica llegue al diafragma y de ahí a los abdominales.
Cuando respiramos así, vaciamos completamente los pulmones, por lo que la espiración es mucho más importante que la inspiración.
Con la práctica, esta respiración puede hacerse llevar al bajo vientre. Esto es lo que en Zen se llama “Hara”, que significa “océano de energía”, en japonés.
Ésta es la respiración a la que deberíamos tender durante el zazen.


5. LA ACTITUD DEL ESPÍRITU EN LA MEDITACIÓN
Algunos maestros Zen recomiendan que no se piense absolutamente en nada. Hay que dejar la mente en blanco. Esto es un principio muy difícil y muchos practicantes se ponen muy nerviosos al no conseguirlo de buenas a primeras. Se ha de entender el proceso en su totalidad.
Pensar absolutamente en nada, no significa que debemos tratar de hacer todo lo posible para eliminar los pensamientos. Si hacemos esto, estaremos generando más tensión y resistencia y los pensamientos nunca desaparecerán. Lo que hay que hacer es lo siguiente: Sentados en zazen, permitimos que las imágenes, los pensamientos, las construcciones mentales que surgen del inconsciente, pasen como nubes por el cielo, sin oponerse ni agarrarse a ellos. Permitimos que estén ahí. Los aceptamos. Simplemente los observamos sin aferrarse a ellos.

No hay que censurar los pensamientos, éstos no son algo malo. Y no pensar no significa que sea algo bueno. Lo importante es no entrar en la dualidad, hay que abarcar los dos lados; el pensar y el no pensar. Entre dos pensamientos hay un no-pensamiento. La naturaleza de la mente es el movimiento, la mente nunca es fija, nunca bloqueada, siempre está en constante movimiento. Si paramos de pensar, el movimiento se para, hay un estancamiento. Hay que dejar la corriente de los pensamientos, de la mente, que fluya y simplemente observarla sin poner resistencia, permitiendo que los pensamientos estén ahí. Sin seguir los pensamientos, sin agarrarse a ellos, sin apegarse, sin identificarse. Observamos los pensamientos, los aceptamos y los dejamos pasar.

Se trata de evitar tensiones y resistencia. Es decir, no intentar silenciar los pensamientos a la fuerza, ya que esto hace que estemos generando tensiones y entonces no hay relajación. Es importante observar los pensamientos y permitir que estén ahí. Simplemente observarlos. La clave es imaginar que son como nubes en el cielo que van pasando de largo. Van y vienen. Así, su presencia no debe inquietarnos.
Como los reflejos en un espejo, las emanaciones del subconsciente pasan y pasan una y otra vez y terminan por desvanecerse.

Lo más importante de la práctica del zazen es dónde ponemos nuestra atención. Los maestros Zen recomiendan poner la atención en un punto y mantenerlo fijo ahí todo el tiempo. Se puede poner la atención en una imagen, en un objeto, y lo que es más recomendable es poner la atención en la respiración.

La postura y la respiración consiguen que el córtex cerebral esté en total reposo. La sangre llega a las capas más profundas del cerebro y esto produce una sensación de paz y serenidad. El sistema nervioso se relaja y podemos conectarnos con el cerebro más primitivo. También se desarrolla un estado mental altamente intuitivo.
Y llegamos al inconsciente profundo, sin pensamiento, más allá de todos los pensamientos. Esto, en japonés, se llama “hishiryo”, que significa “más allá del pensamiento”. Ésto es la verdadera pureza.
Hishiryo, el viento de la conciencia, empuja los pensamientos y éstos se desvanecen.

Esa actitud de espíritu surge naturalmente de una concentración profunda en la postura y en la respiración, y permite así controlar la actividad mental, resultando una mejora en la circulación cerebral.
El córtex (la sede del pensamiento consciente) descansa durante el zazen, mientras que la sangre fluye hacia las capas más profundas del cerebro, las cuales, se despiertan de un estado de somnolencia, ya que están mejor irrigadas. Su actividad da la impresión de bienestar, serenidad y calma, liberando totalmente despierto, las ondas cerebrales del sueño profundo “alpha” y “theta”.

Durante la meditación es normal que aparezcan pensamientos en nuestra mente; que valoremos nuestros problemas, inquietudes, emociones, etc., pero si nos concentramos en la postura y la respiración, podemos llegar a un estado superior en que esas dificultades desaparecerán porque nuestra conciencia se expandiría y se uniría a la totalidad. A esto se le llama tener una conciencia cósmica. Es decir, la conciencia individual, limitada y separada, se expande para fusionarse con la Fuente.
Se trasciende a un estado superior de conciencia en que los problemas individuales se diluyen y se adquiere una paz que permite verlos como procesos que ocurren, pero que no nos preocupan ni provocan reacciones desagradables. Es el estado del Zen en el que podemos contemplar nuestra vida desde la paz de espíritu.

El zen es muy simple, y al mismo tiempo bastante difícil de comprender. Es cuestión de esfuerzo, constancia, paciencia y disciplina.
Simplemente sentado, si la postura, la respiración y la actitud de tu espíritu están en armonía, entonces comprendes el verdadero zen y percibes la naturaleza de Buda.


6. ERRORES MÁS COMUNES
Las sensaciones que se desprenden de la práctica del Zen son muy variadas y en muchos casos resultan desconocidas para el principiante. Esto puede conducirnos a un error. Pensar que estamos llegando a estados que en verdad no son ciertos. Cuando se alcanzan estados Zen no hay ninguna duda. Habitualmente cuando uno se plantea si es así o no, es porque no ha sucedido.

La meditación nos conduce a un estado de relajación consciente, sin embargo, es fácil confundirlo con la relajación más inconsciente, derivada del sueño. La diferencia básica es la respiración y el tono muscular. Cuando nos acercamos a ese estado de ensoñación, llamado “konchin”, perdemos la postura. Los músculos se relajan, lo que es justamente opuesto a lo que buscamos. La respiración se convierte en involuntaria (como ocurre durante el sueño) y no tenemos ningún control sobre ella. Bajamos la guardia, dejamos de ser perceptivos y la conciencia se vuelve difusa.
Cuando esto ocurre, lo mejor es ser conscientes y regresar a la postura inicial. Estirar la columna vertebral e impedir que los ojos se cierren. Prestar atención de nuevo a la postura de las manos y volver a controlar la respiración.

« Zazen es difícil, lo sé. Pero practicado cotidianamente es muy efectivo para la ampliación de la conciencia y el desarrollo de la intuición.
Zazen no solamente genera una gran energía, también es la postura del despertar. Durante la práctica no hay que intentar lograr lo que sea.
Sin objeto, es únicamente concentración en la postura, la respiración y la actitud del espíritu. » Maestro Taisen Deshimaru




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